La pregunta tiene miga. Hace aproximadamente 50 años se tomaban las primeras imágenes desde satélites espaciales, de lo que entonces, todavía nos parecía un enorme planeta. Es fácil imaginar que seguramente causaron una enorme admiración en las generaciones de nuestros padres y nuestros abuelos, ya que nadie había visto nada parecido anteriormente. Y eso a pesar de la bajísima resolución conseguida, que no dejaba ver más que los rasgos característicos del conglomerado de mares, nubes y tierras.
Hacia donde va este Planeta, nadie lo sabe. Los problemas medioambientales han estado históricamente focalizados en las distintas zonas del mundo, donde casi siempre por causa del dinero, se ha presionado, o simplemente se ha devastado a la Naturaleza. Pero a esto, que sigue ocurriendo en infinidad de lugares, se le han unido otros problemas globales. La contaminación del agua y del aire no tienen por definición barrera alguna, y muchas veces es peor la contaminación que no se ve, que la que se ve (aunque tendemos a pensar en términos inversos), los grandes bosques (pulmones de la Tierra) son cada vez más exiguos, los mares están siendo esquilmados globalmente, las catástrofes meteorológicas son cada vez más destructivas y más frecuentes, y también está la futura amenaza de subida del nivel del mar. Y a todo esto hay que añadirle una población mundial en aumento, y con más de 2/3 tercios sin medios para subsistir. Todo un cóctel mortal.

Entre los que vivimos en el primer mundo, hay muchos ciudadanos (seguramente tu seas uno) que tienen una conciencia de hacer algo en aquello que está en sus manos (esto es muy importante porque aunque parezca muy escaso nuestro alcance, la conciencia es el verdadero primer paso). Sin embargo también hay muchos que ni se plantean todo esto como un problema, y los hay incluso que tienen el mismo pensamiento desaprensivo de Luis XV: “después de mi, el diluvio”.
Sin embargo como denunciaba el documental Age of Stupid (hace justo un año), en Gran Bretaña nacen grupos que consideran mas importante el impacto paisajístico (es decir únicamente impacto visual, que no impacto ambiental) de la instalación de parques eólicos, que los claros beneficios medioambientales de obtener energía limpia. Esta nueva crítica es algo que nunca se ha hecho con ninguna otra industria, y menos en este país donde históricamente nació la Revolución Industrial.
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